Hay recetas que no nacen en restaurantes, sino en casas con historia. Este pollo en salsa de galleta, que Isa trajo desde El Centenillo (Jaén), es uno de esos platos humildes que sorprenden por su profundidad y cremosidad. Una salsa ligada con galletas María, vino blanco y paciencia… mucha paciencia.
Es cocina minera, cocina de comunidad. De esas que se preparan mientras alguien cuenta anécdotas y otro corta pan para mojar.
Ingredientes (4–6 personas)
1 pollo troceado (1,5 kg aprox.)
8 galletas tipo María
6 dientes de ajo
150 ml de vino blanco
500 ml de caldo de pollo (o agua)
4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
Sal al gusto
1 cucharadita de cúrcuma
Perejil fresco picado
4 patatas medianas (para acompañar fritas en dados)
Elaboración
1. Dorar el pollo
En una cazuela amplia, calienta el aceite y dora el pollo hasta que esté bien sellado y con color tostado. Retira y reserva.
2. La base del sabor
En el mismo aceite sofríe los ajos (enteros o picados). Añade el vino blanco y deja que evapore el alcohol durante 2–3 minutos.
3. La magia de la galleta
Incorpora las galletas troceadas. Vierte el caldo caliente poco a poco, removiendo hasta que se forme una salsa cremosa.
4. Guiso lento
Vuelve a introducir el pollo. Añade la cúrcuma y cocina a fuego medio-bajo durante 30–40 minutos, removiendo de vez en cuando.
5. Las patatas
Fríe las patatas en dados hasta que estén doradas y crujientes por fuera, tiernas por dentro.
6. Reposo y servicio
Deja reposar 5 minutos antes de servir. Espolvorea perejil fresco y acompaña con las patatas.
Nunca puede faltar un buen pan para mojar. La salsa es lo mejor.
Una pizca de algo más…
Este plato es un ejemplo perfecto de cómo la cocina popular convierte ingredientes sencillos en algo extraordinario. La galleta no aporta sabor dulce, sino cuerpo y textura, creando una salsa sedosa que envuelve el pollo con un toque ligeramente especiado.
Es una receta que habla de mezcla cultural, de intercambio entre pueblos, de familias que comparten mesa después del trabajo duro. En Sabores Vecinales no solo cocinamos recetas: cocinamos memoria.

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